A todos los dolientes
LA FUNCIÓN DE LA ESCRITURA Y, EN GENERAL, DEL ARTE
Los comentarios al último post me han sorprendido de una manera muy grata. La verdad no esperaba que mis palabras fuesen útiles para otros, no en este caso al menos. Primero porque mi opinión, creo yo, adolece del simplismo de los cuentos que circulan en Venezuela (“hay un bando bueno que está siendo acosado por uno malo“); segundo porque la escritura era, en principio, para mí; para continuar la tarea que me ocupa, la de hacerme un parche narrativo que me permita aceptar, duélale a quien le duela, que “Venezuela fue una pesadilla de la que pude despertar”.
Si el sistema de memoria fuese más sencillo, el olvido sería una tarea fácil, pero no; somos humanos, y cuando estamos heridos, nuestra energía se concentra en “darle vueltas al asunto”, exactamente como la sangre cuando se localiza en torno a una cortada, con miras a que las plaquetas puedan llevar a cabo su trabajo reparador.
De manera que las respuestas a mis plaquetas-palabras, me recordaron un libro de Sartre, ¿Qué es la Literatura? (Ed. Losada) y, como ando corto de ideas, pensé que sería fácil lanzarme por esa vía, como un modo de retomar el camino fácil. Hasta encontré, gracias al Facebook, un blog que me venía como anillo al dedo, citando autores acerca de la función del escritor.
Pero como ya se ha vuelto un lugar común decir, la realidad supera a la ficción, haciendo que todos los venezolanos, estemos donde estemos, tengamos el deber de pensarnos a nosotros mismos y de pensar en ese tapón que ha colapsado llamado “identidad nacional”. ¿Y por qué pensar(nos) se ha vuelto un deber? porque corremos el riesgo de terminar como los marchantes de hoy, como aquellos que todavía piensan que la acción directa y carente de objetivos políticos específicos es suficiente para acabar con un mounstruo kafkiano que tiene de su lado todo el aparato represivo del Estado. Pero ojo, tenemos un riesgo peor: terminar como los fieles del chavismo los que, con su certeza psicótica, son capaces de sacrificar otras vidas con tal de mantener la mentira de que avanzamos a un mundo más justo para todos.
Quién lo diría, los supuestos oligarcas terminan usando casi las mismas estrategias de los encapuchados de la UCV (solo faltarían las molotov) mientras los supuestos revolucionarios terminan usando las más clásicas represiones que, más que puntofijistas, son las propias de cualquier Estado no-revolucionario. “Ya nos montamos en la olla; a defender el coroto se ha dicho”.
Nada ha cambiado en términos estructurales; nada puede cambiar porque cuando un oprimido busca venganza y se encuentra movido por el resentimiento, termina siendo más cruel que aquellos que, sin tener plena conciencia, excluyen a los otros con sus prácticas elitistas. De manera que, sobre el gobierno y sus defensores pesa el mismo cargo de conciencia que caía sobre el Ché Guevara o los nazis: destruyen y matan a plena conciencia.
Por eso me permito mostrar las fotos que han circulado hoy, añadiendo algunos elementos que nos permitan seguir pensando sobre nuestra situación. Además de la escritura, el arte, en cualquiera de sus vertientes, nos permite ver el mundo de otro modo; nos invita a poner en palabras lo que a veces la pluma no puede, o no quiere, decir.
Nadie está muriendo por sus ideas en Venezuela. Los muertos, que sí los hay y son muchos, se quedaron sin vida precisamente porque la supuesta lucha de ideas o el choque trasnochado de visiones del mundo es una gran pantalla, la cortina de humo que esconde la herida un pueblo desgarrado, tan crítica como la de los chilenos alrededor de su objeto del deseo, Pinochet.
Paradójicamente, serán las ideas las que podrían salvarnos de más muertes, primero, tanto como salir de este purgatorio en el que estamos, después. Pero algo muy dificil tiene que ocurrir como primera condición: que dejemos de gravitar alrededor de ese gran hoyo negro que es el comandante, de esa supernova de palabras que nos desgasta como ciudadanos (en cualquiera de los bandos) y que nos ha convertido a todos los venezolanos (e incluso a otros en Latinoamérica), en un gran parche que le hace pensar, a él y a sus acólitos, que es ya un mito viviente.













En que gobierno no susede esto. No importa si es socializta, derechista, monarquico. El que se opone al regimen que este establecido va a pagar hasta con su vida. No utilisemos a los niños para fines politicos como vi en una foto; que sean los adultos los que sufran las consecuencias. El que le toca la cola al perro que no se queje.
Venezuela siempre ha sido esenario de esta clase de situaciones parece que nadie llena sus espectativas. Tienen un exelente gobernante y no lo aprovechan.
Lamentablemente el resentimiento generado por tanta deprivación cultural (más los factores que aparecen en el post anterior) causada a tantas personas, ha creado una situación de confrontación crónica entre la población venezolana. Evidentemente que la marcha del sábado no es la primera, ya van 7 años en que sucede algo similar cada vez que hay una protesta.
Ahora, es importante saber que en Venezuela no está garantizado ni siquiera el derecho a la vida (eso también aparece en posts anteriores), es decir, si ser inconformes es reclamar porque al menos la vida, la educación y la salud esten garantizadas para toda la población, si somos inconformes con todos los gobiernos que hemos tenido. Sin embargo, yo creo que nuestra situación no depende de un gobierno, sino de las características culturales que se han ido conformando en tod@s y cada un@ de l@s venezolan@s: irrespeto a los otr@s, irespeto a las normas, busqueda de satisfacción inmediata y sin esfuerzo, soluciones mágicas a los problemas y muchos más que en este espacio no puedo incluir
Pero, más allá de estos puntos que queria señalar, hay otros que para mi vivencia personal son más relevantes en este momento:
a. Tod@s contenemos un poco de ambos grupos, es decir, de los resentidos y excluidos que sienten rencor y quieren imponer la justicia vista solo desde su perspectiva (hago la observación que al ser impuesta y al no ser consensuada, ya no es ni justicia ni equidad) exluyendo y discriminando a quienes suponen que les discriminaron.
Y también somos como el otro grupo que no reconoce despreciar, excluir al resto, y que como no reconoce sus prejuicios y desprecios, no reconoce el daño que han sufrido los otros y ahora sólo se sienten víctimas furiosas porque aquel pobreton ahora tiene el poder para vengarse.
Como soy fiel seguidora de Chaman Urbano y quizas llegue a ser socia o agente, recuerdo otro post en el que en un estado de trance por YOPO, el chaman escribió que la solución a este problema crónico pudiese ser una orgia colectiva, por aquello de que quienes se odian es porque en el fondo se aman.
Si bien, suena interesante, y más entre venezolan@s tan fogosos como buen@s caribeñ@s, no es factible.
Asi como, tampoco creo factible la reconciliación de la que tanto echan mano los políticos que leen las encuestas en las que aparece que l@s venezolan@s estamos cansad@s de tanta confrontación. Por qué no es factible? porque las heridas no se sanan como cuando las madres ponen a dos niñitos a reconciliarse: dale un abrazo mi amor, dale un besito y ya.
Y más si lo que se exalta como valor es la violencia, de cualquier tipo.
Lo que intuyo es que mientras ningun grupo tome conciencia de lo que ha generado el conflicto, mientras se exalte la violencia, Venezuela seguirá en este enfrentamiento crónico, en algunos momentos con mas o menos capacidad de respuesta de cada sector, pero con mucho sufrimiento porque gane quien gane querrá imponer su perspectiva sin considerar al otro y sin haberse sanado la herida. Quizas, este proceso de “sanación venezolano” no lo vean mis ojos, pues creo que se llevará mucho tiempo.
Quizas, para nosotros los dolientes, ahora lo importante es lograr desengancharnos emocionalmente, tanto de Hugo, de los chavista, de la oposición, de los antichavista. Y eso tmabién se lleva su tiempo, pero sólo asi podremos dedicar las energias puestas en este conflicto a actividades más constructivas para nosotr@s, para nuestro país de acogida y para Venezuela.