
solicitud: derecho a la vida. logro: cambiarse el nombre
Las cosas siempre deben ponerse en contexto. Así que esta noticia, la de la Nueva Ley de Registro Civil que permitirá el cambio de nombre a lxs trangéneros, puede entenderse como uno de los resultados de las protestas que la comunidad LGBT inició a raíz de salida a la opinión pública de los crímenes de odio basados en la identidad sexual.
Debemos agradecer este gesto del gobierno y a la vez, tenemos que estar muy pendientes de lo que vendrá a continuación. La política, especialmente la venezolana, ha devenido un juego bastante truculento. Así que, siendo suspicaz, me pregunto si no será ésta una estrategia para calmar los ánimos y que nos quedemos callados ante un problema que no se resuelve con el cambio de nombre.
Seamos honestos, si no hay más cambios, lo único que podemos decir, a estas alturas, es que lxs trans tendrán el derecho de morir asesinadxs con un nombre acorde a su género psicológico. Por otro lado, y no dejemos que nos desvíen del tema, de lo que se trata es de derechos humanos y civiles para la comunidad LGBT; los segundos inexistentes en las leyes venezolanas y los primeros violentados sistemáticamente por el Estado, la sociedad en general y nuestras familias en particular.
Además, deja mucho que desear que nuestra furia, expresada en un excelente trabajo de organización comunitaria, un comunicado, una serie de -por fin- artículos de prensa donde expresamos nuestras inquietudes -con una noticia que llegó al mundo gracias a la BBC- solo haya resultado en esta Ley, y no en el artículo 8 de la equidad de género. Que no se nos olvide, todo este asunto comenzó con la propuesta de la diputada Romelia Matute.
En definitiva, a dar las gracias y a seguir exigiendo. Aún no nos han escuchado y, tal parece, tenemos que gritar más duro.








Cualquier paso adelante es un triunfo no se puede esperar un cambio ideal en una sociedad en donde los grupos mas conservadores tienen gran influencia y haran lo posible por destruir cualquier intento de mejorar los derechos de un grupo que consideran demoniaco.