¡TENGO EL VIH!: ¿LO DIGO O NO LO DIGO? (2 de 7)

Cuando compartas algo de tu intimidad, piensa que estás dando un regalo

Aprovecho que alguien me pregunta “qué tan abierto debo ser contando que vivo con el VIH”, para comentar un poco sobre el tema revelación del seroestatus.

De antemano debo decir que no hay una receta o una solución única a este desafío. En los talleres que he facilitado sobre el tema, lo que hago es promover la conversación en torno a los siguientes tópicos, con miras a que los participantes establezcan unos lineamientos que les sean útiles en el día a día. Al final, y este es el primer lineamiento, tú eres el que decides; tú puedes decidir si decirlo o no; y a quién, y cómo, cuándo y dónde.

Este post asume que ya has superado el trauma del diagnóstico y que has avanzado hacia el proceso de aceptar que vives con una condición crónica que requiere atención. Si por alguna razón el tema de decir que vives con VIH te angustia demasiado, quizás sea porque tengas que trabajar más contigo mismo primero; aprender a estar cómodo(a) con esta nueva realidad de tu vida, antes de enfrentarte al reto de lo que piensan (y sienten) los demás.

Para qué

Lo primero que podrías preguntarte antes de embarcarte en esta travesía es qué te motiva a decirlo. Es importante que te detengas a reflexionar sobre este punto, porque revelar el seroestatus cambia cosas; a veces para bien (porque empiezas a recibir más apoyo y comprensión: “ah, ahora entiendo algunas cosas que antes no entendía” podría decirte alguien) y otras para mal (que algún amigo cercano o tu novio(a) se aleje por miedo a infectarse o porque simplemente, no tolera el miedo que siente de saber que conoce a alguien que vive con el VIH).

Por un lado, el secreto puede ser un peso no tan fácil de llevar; por el otro es importante reconocer que la sociedad se ha movido en la dirección de forzarnos a contarlo todo (¡sólo mira las redes sociales!). Así que de plano te digo: sería muy mala idea ponerlo como estatus en Facebook. El estigma en torno al VIH es real (por eso no es fácil aceptar la condición) y de este estigma se derivan conductas discriminadoras que pueden afectarte seriamente (v.g. perder un empleo o no obtenerlo, por ejemplo). Lo mejor que podrías hacer, para empezar, es una lista de pros y contras respecto a decirlo o no.

Pros Contras
Decir que vivo con VIH
No decirlo

En resumen, si vas a decirlo que sea para facilitarte la vida, no para complicartela más.

A quién

Del punto anterior se desprende que sólo hay que contárselo a personas importantes en tu vida: algunos familiares (a veces), tus amigos más cercanos, los profesionales de salud que te apoyan. En algunos países las leyes obligan a revelar el seroestatus a las parejas sexuales. Así que conviene que conozcas el marco legal del lugar en el que vives. Esta es sólo una lista general y depende de tus circunstancias podría incluir a otras más. Sólo tú puedes determinar a quién conviene decirlo.

Cosas que podrías pensar en este punto:

  • ¿Lo digo persona a persona o podría agrupar a algunos?
  • ¿A quién se lo digo primero?
  • ¿Tengo que decirlo directamente o comenzar a enviar señales, por ejemplo, haciendo introduciendo el tema del VIH en una conversación o como comentario a alguna película o programa de televisión que se preste para eso?

Puedes imaginar cómo será la reacción de la persona, pero prepárate a sorprenderte. Personas que considerabas cercanas podrían no tolerar saber que vives con VIH, mientras otros vínculos podrían volverse más estrechos. Sólo lo sabrás después de decirlo. Y por después me refiero a algún tiempo después, ya que las personas necesitan tiempo para asimilar la nueva información. Esto es parte de lo curioso: en términos objetivos, sólo estás diciendo que vives con una condición crónica, pero por efecto de los mitos alrededor del VIH, las personas necesitan “digerirlo”, cómo si les estuvieras dando algo pesado de soportar.

Qué

Identificadas las personas, el paso siguiente es que pienses qué les vas a decir. Acá debes considerar:

  • ¿qué tanta información manejo acerca de mi condición?
  • ¿qué tanta información maneja la otra persona acerca del VIH y el SIDA?
  • ¿hasta dónde debo decir? (por ejemplo, podría ser una muy mala idea el dar detalles gráficos acerca de tus prácticas sexuales a tus padres). A propósito de esto, revelar el seroestatus a veces implica salir del closet, o admitir el uso de drogas recreativas. En estos casos, deberías aplicar estos lineamientos a esas condiciones también. Mi recomendación es que busques apoyo profesional para estar bien preparado a los cambios que puedan surgir en tu entorno.

Una buena estrategia puede ser esbozar algunas ideas básicas que quieras transmitir, para cuando decidas hacerlo. Esas ideas podrían cambiar dependiendo de la persona con la que quieras conversar.

Cuándo

Hay situaciones que requieren una acción rápida (por ejemplo, durante un accidente contigo sangrando y alguien tratando de ayudarte). Afortunadamente, y en general, puedes tomarte el tiempo para decidir cuándo es el mejor momento. Recuerda, una cosa es decidir decirlo y otra empezar a hacerlo. Así que tómalo con calma, prepárate todo lo que necesites y planea esa conversación tanto como necesites.

Cosas para pensar:

  • ¿Lo vas a decir durante una conversación casual?
  • ¿Vas a pautar un encuentro exclusivamente para eso?

Elige el momento acorde a la importancia de lo que quieres transmitir. Cada cosa tiene su tiempo y su espacio. Un poco como broma, un poco en serio: podría ser muy mala idea, por ejemplo, elegir la celebración de bodas de oro de tus abuelos para hacer el anuncio; no sólo les estarías robándo el show a tus abuelos, sino que estarías creando un efecto que jugaría en tu contra, colocándote en una posición patética. Como te repetiré al final de este post, el eje central de todo esto es: mantén la dignidad.

maldita lisiada

Las novelas modelan algunos comportamientos. Aléjate de ese estilo a la hora de revelar el seroestatus

Dónde

De manera que el lugar es muy importante. Si la relación es íntima, un lugar cómodo y en privado podría ser lo mejor. Si anticipas que la persona va a hacer un show (llanto, gritos, reclamos, entre otros) quizás la opción sea un lugar público, como un café, si te parece que la presión social servirá de contrapeso al despliegue histriónico de tu interlocutor. Este es un punto crucial: el entorno puede fomentar ciertas respuestas en la medida en la cual promueve estados de ánimo (lo mismo que la presencia de otras personas). Muchas de nuestras reacciones están condifionadas por el ambiente. ¡Sólo imagina decir que vives con VIH estando atascado en una autopista por 3 horas a decirlo en un lounge con música relajante!

Cómo

Finalmente, un elemento aglutinador de todo esto que te he comentado es el estilo. No es sólo lo que dices sino cómo lo dices. Mi recomendación es que te prepares para asumir este reto como un acto de transmisión de información. Se directo, pausado, contenido emocionalmente, respetuoso con tu interlocutor y, más importante contigo mismo. Mira las diferencias:

Escenario 1: llamas por teléfono a tu mejor amiga y, angustiado, le dices que necesitas verla urgentemente. Cuando ella llega a tu casa, aún sin saludarla, ya estás guindado de ella, a moco tendido diciendo “tengo algo terrible que contarteeeeeeeeeeee…”

Escenario 2: Invitas a tu amiga a un café en un sitio tranquilo, comparten un rato sobre cosas cotidianas hasta que respiras profundo, tomas conciencia de tu cuerpo y te imaginas que tus pies están firmemente afianzados al piso y que la silla te apoya lo suficiente para el paso que vas a dar. Entonces le dices “quería conversar contigo de las cosas que me han pasado últimamente…”

Recuerda, puedes decidir cómo hacerlo, y puedes prepararte en función de esa decisión. De nuevo, mi recomendación es que, ante todo, conserves la dignidad.

Así que en resumen:

  1. Dilo para quitarte un peso de encima y facilitarte las cosas.
  2. Dilo a quien lo necesite, lo merezca y pueda manejarlo.
  3. Dilo del modo más cómodo para ti.

¡Muchos éxitos!

Pd. Sería genial si dejas tus comentarios a cómo te fue luego de usar estos lineamientos. Puedes usar un pseudónimo o dejar un comentario anónimo ya que este es un blog público.

¡TENGO EL VIH! (1 de 7)

El mayor problema del virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH) se encuentra en los significados que se le atribuyeron al SIDA cuando apareció a principios de los ochenta. Ya han pasado 3 décadas y, aún, la desinformación es rampante (por no decir crasa y supina ignorancia). Las dos grandes creencias falsas respecto a la condición: que es una enfermedad mortal y que es un castigo por nuestra conducta sexual. El estigma es tan grave que incluso algunos proveedores de salud, especialmente en Latinoamérica, pierden los papeles cuando de tratar a personas con VIH se trata.

Por eso decidí escribir al respecto. Quiero proporcionarte un mapa que pueda serte útil, bien sea que recién recibes el diagnóstico o que ya tengas algún tiempo viviendo con el VIH. Te presentaré la información de manera esquemática, con sugerencias de lo que deberías tener presente en cada momento. Acá entonces la primera buena noticia: hoy en día disponemos de suficiente conocimiento para que puedas mantener al VIH bajo control (y con esto me refiero a manejar sus efectos físicos y psicológicos). Es decir, vivimos un momento privilegiado, donde el VIH es una condición crónica que, mucha gente no lo sabe, es más fácil de sobrellevar que la diabetes (al menos en su dimensión médica).

Creo que en este punto convendría advertir que, como en todo ámbito, el consenso no siempre es unánime. En el área del VIH/SIDA, la nota discordante la ponen los defensores de las llamadas “hipótesis alternativas”. El tema, a fuerza de ser harto complejo, requiere un desarrollo especial. Mientras escribo al respecto, te dejo lo que necesitas saber, en términos prácticos, respecto a este tema: las personas que viven con VIH y se refugian en las hipótesis alternativas se mueren de SIDA si no son rescatados a tiempo. Así de simple. Lo he visto en mi experiencia como profesional de la salud mental. Los defensores de las hipótesis alternativas podrán decir lo que quieran y utilizar cualquier cantidad de argumentos y pseudo-argumentos para justificar lo que, en definitiva, son agendas políticas. Pero la realidad muerde y la evidencia es contundente: desde la introducción de los antirretrovirales (el coctel) a principios de los 90, las muertes por SIDA se redujeron drásticamente. Las personas que monitorean sus CD4s (las células que sirven de marcador respecto a la salud del sistema inmunológico) y la carga viral (el grado de infección en el cuerpo) viven saludablemente, pues en algún momento empiezan el tratamiento y detienen el avance del VIH. Las que no, desarrollan infecciones oportunistas que, a la larga, llevan a la muerte. En su momento te mostraré el mapa para entender el asunto de las hipótesis alternativas. Por ahora, resumamos diciendo que si vives con el VIH, tu primera tarea fundamental es decidir si quiere vivir o no (antes que ponerte a teorizar sobre las farmacéuticas o el capitalismo global). Apostar por la posibilidad de que el VIH no exista es una distracción para evitar el dolor que te causa enfrentar la situación. Espero desarrollar mejor esta idea en una próxima entrega. Mientras, sigamos con el hilo conductor.

Ese conocimiento del que te hablaba hace dos párrafos, me ha servido para estructurar lo que llamo los retos básicos cuando se vive con el VIH. Estos serían:

  1. Cómo superar el trauma asociado al diagnóstico
  2. Cómo manejar la revelación del seroestatus
  3. Prepararse para el inicio del tratamiento y desarrollar la adherencia
  4. Aprender a manejar de los posibles efectos secundarios de los medicamentos
  5. Cultivar hábitos de vida saludables
  6. Desarrollar la resiliencia (la capacidad de enfrentar crisis potenciales)

Cada punto merece un desarrollo detallado, el cual canalizaré a través de próximos posts. Mientras te dejo un video que hice hace un par de años, no sin antes recordarte que trabajo como psicoterapeuta, y que atiendo en persona en la ciudad de Toronto, Canadá, o a través de Internet, bajo la modalidad de terapia en línea si te encuentras en algún otro punto del globo. Si estás interesado en una consulta o en iniciar un proceso terapéutico comunícate conmigo. Me especializo en el manejo de traumas y lo hago usando una combinación de EMDR (una técnica muy potente para erradicar traumas) e hipnoterapia, entre otros modelos (como Psicoterapia Gestalt, Focusing, Mindfulness Meditation, Terapias Psicocorporales…). Ha sido a partir de estos modelos generales que he desarrollado aplicaciones específicas para el caso del VIH/SIDA, las cuales he presentado en diferentes congresos y conferencias.

CALCOMANÍAS DE VANGUARDIA

En el paraíso socialista tampoco hay sistema de transporte público

Es tan obvio y se encuentra tan naturalizado que a nadie se le ha ocurrido señalarlo como otro de los fracasos del Estado Venezolano. Así es. En Venezuela, el transporte público es, por encima de todo, privado. Con excepción del Metro, las unidades que circulan por las calles y avenidas del país son el resultado de emprendimientos individuales o cooperativos entre particulares. En Caracas abundan los minibuses, pero en el resto del país los “carritos por puesto” son automóviles convencionales, usualmente destartalados.

Es por esto que los “por puesto” despliegan sus peculiaridades audiovisuales: música a todo volumen y cualquier cantidad de ornamentos, tanto por dentro como por fuera.

Sublimando frustraciones

De más está decir que esos ornamentos, típicamente bajo la forma de calcomanías, cultivan la cursilería, el kitsch y se hacen al margen de cualquier idea del buen gusto. Es precisamente esto, su vulgaridad, la que les ha permitido desarrollar una identidad propia. Al final, resultan originales e interesantes; piezas únicas de la cultura popular venezolana.

Por eso tomo estas calcomanías como punto de partida para desarrollar las mías propias, conservando el contenido pero introduciendo una gráfica que proviene del imaginario que cultivo desde hace años. Son una suerte de integración entre los dos registros que me constituyen como venezolano; uno popular y otro, podría decirse, académico. El primero ampliamente extendido y el segundo exclusivo de una minoría, incluso dentro de aquellos pocos venezolanos que tienen una carrera universitaria.

El resultado, otras calcomanías, completamente ficticias. Chistes privados que ahora comparto con ustedes:

 

 

HANS CHRISTIAN ANDERSEN Y SU ALMA DE SIRENITA

La historia de Disney como una maquinaria para transformar grandes historias en instrumentos de homogenización cultural a través de la conformidad de género es, además de obvia, harto sabida y analizada.

Lo que quizás muchos no saben es que a la base de uno de los cuentos usados por la corporación dueña de Mickey Mouse se esconde un amor gay que no pudo ser. Sí, ya se, muchos dirán “ahí están de nuevo los gays creyendo que todos somos maricos”, pero no, la verdad es que es lo contrario. Muchos de los logros culturales han sido producto de “mentes gays”, pero han sido opacados por la hegemonía heterosexual. Sólo revisen la historia y verán a lo que me refiero (También es cosa harto sabida que los grandes desarrollos de la humanidad son hechos por desviados y transgresores; no por damiselas y machos preocupados por conformarse a la tiranía del qué dirán).

De manera que cáiganse para atrás: Hans Christian Andersen (1805-1875), el escritor y poeta danés, se enamoraba de hombres y mujeres inalcanzables, cuyos desaires inspiraban las tiernas historias que se compilan como clásicos universales para los más pequeños. La historia de La Sirenita, de hecho, fue su manera de sublimar la tristeza causada por el rechazo de Edvard Collin.

En cuanto supo que Collin se había comprometido con una dama, se le declaró: «Languidezco por ti como por una joven calabresa… mis sentimientos por ti son como los de una mujer. La feminidad de mi naturaleza y nuestra amistad deben permanecer en secreto». Collin lo rechazó y como resultado, Andersen escribió La Sirenita, donde la protagonista está imposibilitada de estar con su amado (Sí, como ya sabemos, el final edulcorado de Disney no tiene nada que ver con la historia original, la cual pueden leer haciendo click sobre esta oración).

Andersen le envió el cuento a Collin en 1836 transformando La Sirenita en una de las grandes cartas de amor gay de todos los tiempos.

CARTA DE UN GAY A SU ESPOSA

La vida funciona de maneras extrañas. Acá estamos; tú homofóbica y yo gay. Y no es que nos veamos a nosotros mismos de esa manera. Al contrario. Quizás tú dirías que eres “normal” y, si supieras de mis andanzas, que yo soy un “enfermo”. Yo, la verdad, no se qué diría. Jamás me permito pensar en estas cosas. Es ahora que, bajo los efectos del alcohol, el velo se corre y puedo poner en palabras todo eso que flota y nos envuelve, creando la fantasía de que somos un matrimonio convencional, una familia “decente”.

Verás, no sólo me escapo a las realidades concretas de algunos baños públicos, donde en un complicado lenguaje no verbal me encuentro con otros como yo para satisfacer un deseo prohibido. También me escapo al encuentro conmigo mismo cada vez que bebo. Es curioso, la gente sueña con ir a Disneylandia para disfrutar de la fantasía, para “escapar de la realidad”. En mi caso es al contrario; vivo en la fantasía, contigo, y cada vez que puedo me visito. ¿Salgo de la fantasía? ¿Entro a la realidad? No se. En mi cabeza es un entramado, a veces confuso, donde no se si duermo o estoy despierto. Esa es la inquietud que llevo conmigo, siempre, especialmente cuando llego a casa o cuando entro a uno de mis baños públicos; ¿estoy despertando o empezando a soñar? A veces soy más concreto y me pregunto si soy lo que llaman un gay en el closet o, más bien, un heterosexual atrapado en las rigideces de esta sociedad.

Es raro. Lo se. No se cómo explicarlo mejor. Pero es como lo veo en cuanto llego a este espacio en el que me siento yo mismo. Así es. Este soy yo, así como te lo narro. Esta realidad cuyo pasaporte es el alcohol, es un lugar intermedio entre el mundo que compartimos y el destino final en el que termino cuando la botella se acaba. Mi tierra es este purgatorio desde el cual te escribo, un lugar oscuro que se ilumina por un momento. Primer trago, estoy tenso; segundo trago, empiezo a calmarme; quinto trago, el relámpago aparece y veo que las piezas encajan correctamente. Pienso, reflexiono y hoy, por primera vez, escribo. Luego pierdo la cuenta, todo da vueltas y entro a esa nada que me imagino es el cielo, cielo tranquilo al que quisiera mudarme pronto; nada pacífica que pierdo cuando despierto y, entre dolor de cabeza y náuseas, miro dónde estoy y quién está a mi lado, a la vez que rezo para que no me hayan pegado alguna enfermedad. Sobra decirlo; retorno al infierno. Pierdo mi sabiduría etílica; olvido que todo es simple, que en definitiva el corto circuito está en que nos empeñamos en suprimir lo que viene del cuerpo, antes que buscar formas más creativas de canalizarlo. Empiezo de nuevo a creer que es demasiado tarde para ser honestos; vuelvo a rechazar a todos aquellos que asumen la preferencia por el mismo sexo.

Deja que te confiese algo. No soy gay; no me junto con gays. Ellos defienden la idea de que un hombre puede enamorarse de otro hombre, que es posible establecer familias como la que nosotros tenemos. Como ya sabes, no me permito pensar respecto a este tema. Además, aún me faltan muchos encuentros conmigo mismo para llegar hasta esas honduras. Lo que sí podría decirte en este momento es que formo parte de una tribu muy particular la cual, según me he enterado, etiquetan como la de los “hombres que tienen sexo con hombres”. Tamaño rótulo lo abrevian con las iniciales HSH. A veces me río de mi mismo pensando que pasaría si te digo que soy un HSH. ¿HSH? Ni yo mismo me lo creo. Soy un H, un hombre. Punto. ¡No me compliquen la vida mientras estoy despierto! (¿o soñando?).

Sí, a veces me río, aunque casi siempre la sensación es de angustia, como cuando le dices a nuestro hijo que lo prefieres asesino antes que marico. Ahí el primer pensamiento que cruza mi mente es “si supiera…”. Un si supiera que me dispara al infierno que se desataría si nos sinceramos. Un si supiera que, ahora que lo pienso desde esta lucidez transitoria, se transforma completamente. Si supiera… ¡Si supieras que somos cómplices! Sí, bebe conmigo y verás que ambos somos coautores de nuestro drama. ¿O acaso no recibí yo los mensajes que le estás transmitiendo a él? Dios quiera que sus impulsos vayan en la dirección que esperamos, de lo contrario terminará como yo, como tantos como yo, atrapado en esta prisión de tres celdas: lo público, lo privado, la nada.

Me recuerdas a mi madre. Me recuerdo a tantos hipócritas que se empeñan en defender esta fantasía compartida que hemos accedido a sostener; el cura Norberto, quien me mira con deseo; el esposo de tu prima Romina, quien frecuenta los mismos baños que yo… Miradas densas, pacto de caballeros. Por eso, incluso ahora que estoy lúcido, me cuesta aceptar a los gays. Su sinceridad rompe nuestro pacto. Este pacto que tú y yo, y tantos otros, hemos firmado. Si nosotros hemos empeñado nuestra vida, ¿por qué debemos tolerar que ellos tengan la oportunidad que nosotros rechazamos?

¡Mierda! ¡Las vueltas! El relámpago de la lucidez se apaga. Deja que te diga algo más antes de que me suma en la borrachera y caiga en la nada. Hay, en todo esto, un destello de esperanza. Al menos así lo veo yo antes de desaparecer y retornar a esta vida absurda que llevamos. Proviene de la última frase que cruza mi mente, mientras gira. Gracias a ella puedo dejarme ir en paz: en esta historia no hay víctimas, tampoco inocentes.

LAS FORMAS DE LA HOMOFOBIA (2 de 4)

En el post anterior les describía la forma psicótica de la homofobia, donde la estructura del sujeto no es lo suficientemente estable para contener las pulsiones. Como consecuencia de esta escisión entre lo simbólico y lo real, incapaces de entrelazarse, esas pulsiones aparecen proyectadas en un Otro que resulta terrorífico y aterrorizante. El delirio sería, entonces, el relato que da cuenta de esta dinámica. Por eso la homofobia psicótica es siempre acerca de fantasías relativas a cómo los gays podrían destruir al mundo y cómo, entonces, deberían ser contenidos o exterminados.

Ahora vamos a continuar con una de las formas neuróticas de la homofobia. A mi entender, esta sería la más extendida, lo cual tiene sentido si pensamos en cuán narcisista ha devenido la sociedad contemporánea.

LA HOMOFOBIA COMO LA AMBIVALENCIA DEL DESEO

Ricardo es un estudiante que, a la vez, trabaja como asistente de investigación para uno de los profesores de la universidad. Es alto, corpulento, masculino y se define como heterosexual. Lo han puesto a transcribir unas entrevistas que narran el proceso de salir del closet en gays de distintas edades. La tarea es sencilla, escuchar unos audios y ponerlos por escrito. A los pocos días, Ricardo le pide a su jefe que lo exonere de la tarea. El muchacho luce obviamente descompuesto y la razón que da es la siguiente: “no puedo hacerlo, ahora voy en el metro y siento que todos los hombres me miran”.

Una madre le comenta a su hijo, cuando en la película que ven dos mujeres se dan un beso apasionado: “no puedo aceptar a las lesbianas, a mi me daría asco tener sexo con una mujer”.

Estos ejemplos sacados de la vida real, tienen mucho en común. Noten como lo primero que se desliza es la autoinvitación. El ambiente gay se ha desarrollado como un mundo paralelo a la sociedad heterosexual pero por alguna razón, nuestros personajes se imaginan ya metidos allí o mejor dicho, rodeados por eso. Lo curioso no es sólo que se autoinvitan a la fiesta, sino que lo hacen para sentirse vejados y abusados; violados. Esta fantasía, por cierto, se cuela en infinitas situaciones cotidianas; en el hombre que le dice a la novia que no va a ir a esa disco gay porque lo van a tocar sin su permiso; en el amigo hetero que rechaza a su amigo cuando este sale del closet “porque seguro me ha morboseado”… Fíjense como, frente a los gays, los más machos se convierten en macho-jevas; macho-doncellas indefensas frente a un gay imaginado como un seductor poderoso que puede convertir a cualquiera. Justine frente a Sade o la monja de convento medieval luchando para no ser poseída por el demonio.

Es esta fantasía la que se manifiesta también cuando los padres les dicen a los hijos que los gays son “malas juntas”. Es la mentira que se dice la madre de un ex que tuve quien pensaba que yo, con mis poderes psicológicos, había pervertido a su hijo (el cual por cierto de indefenso no tenía un pelo y quien, de paso, resultó con aficiones que me hicieron salir corriendo).

Es también la fantasía que queda opacada en las “razones” que dan algunos homofóbicos para no aprobar derechos civiles para la población LGBT: “¿qué va a pasar con la procreación de la especie?, si los gays tienen derechos la gente va a querer ser gay”. Esta es la clave de la homofobia como deseo, a saber, que estos homofobicos están hablando, en realidad, de las dudas en torno a su propia sexualidad. Su identidad como heterosexuales resulta una identificación inestable que se tambalea frente a la presión de pulsiones reprimidas. Si en la homofobia psicótica la pulsión está desencadenada, en la homofobia neurótica la pulsión ha sido contenida por lo simbólico, pero no por eso ha sido apaciguada o domesticada por completo. Siempre queda un excedente, del cual resulta un goce, en este caso centrado en la ambivalencia: soy hetero, pero podría ser seducido por mi mismo sexo y, sobretodo, podría sucumbir. Este sería el contenido central de la fantasía homofóbico-histérica.

Atención, no es que esto vaya a ocurrir necesariamente. El punto crucial está en el ‘podría‘; en colocarse en esa situación atormentante; en mantener el deseo mediante la insatisfacción de ese deseo. Al final en esto consiste el goce, en el placer que resulta del displacer de hacer algo que no se disfruta.

Creo que con ese marco debemos leer esa investigación que muestra que a mayor homofobia mayor excitación homosexual. La turgencia del pene estaría dando cuenta de esta turbulencia interna la cual no es, necesariamente, las ganas de tener sexo con el mismo sexo. Resulta simplista esa hipótesis gay de que todos son gays hasta que se demuestre lo contrario, o de que la homofobia, simplemente, encubre a un homosexual reprimido.

La sexualidad es un fenómeno complejo, condicionado por muchos factores que escapan al control de la conciencia humana. Por encima de todo, la sexualidad es inestable e incluso fluida; sigue los vericuetos de la libido, la cual es mucho más poderosa que cualquier dique que intente contenerla.

Quiero finalizar diciendo que la mejor respuesta contra la homofobia histérica es la autorreflexión. Con esto no me refiero a pedirle a los homofóbicos empiecen a hacerse cargo de sus fantasías (no soy tan iluso como para dejar el primer paso a quienes ni siquiera tienen conciencia de enfermedad). La autorreflexión empieza por el colectivo LGBT que, una vez consciente de esta dinámica, podría devolver las preguntas de manera invertida. Quiero que noten que la mejor respuesta a este tipo de homofobia es la interrogación o el señalamiento a la dinámica: ¡ah, entonces un gay podría seducirte!, ¿me estás diciendo que si se aprueba el matrimonio gay considerarías casarte con alguien de tu mismo sexo?… Los gays hemos desarrollado un sentido del humor agudo y un cinismo refinado. Es hora de usarlo para fines constructivos, atizando a estos histéricos para que se hagan cargo de ese equipaje que no reconocen como propio.

LAS FORMAS DE LA HOMOFOBIA (1 de 4)

La homofobia ha sido un término que ha ayudado a reconocer y dar forma a la violencia contra los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. Sin embargo, en este momento de la historia resulta un concepto que oscurece mucho de lo que intenta aclarar. Por eso es que en lo que sigue me propongo abrir esa caja de Pandora llamada homofobia, para dar cuenta de las complejidades de este fenómeno. Los versados en psicoanálisis reconocerán que uso el aparato teórico de Lacan para mostrar las formas subjetivas que la homofobia puede tomar, tanto como los lazos sociales que se estructuran desde cada posición subjetiva posible.

1. LA HOMOFOBIA COMO DELIRIO

Los seres humanos somos organismos traspasados por la palabra. El lenguaje nos constituye creando ese regalo/maldición que da forma a nuestra existencia. Por un lado, no podemos humanizarnos sin el lenguaje; por el otro, el lenguaje estructura una situación imposible de resolver: la de dar cuenta con palabras de una pulsionalidad que rebasa cualquier intento por categorizarla. Al final resulta que estamos bordeando algo escurridizo para las redes de lo simbólico. Emerge la sustancia propia de lo humano, el goce, y lo padecemos o, con un poco de suerte y psicoanálisis, nos movemos al punto de gozar su desciframiento.

Así pues, entramos en el lenguaje y el lenguaje entra en nosotros. El asunto es que hay varios tipos posibles de relación entre cada individuo y ese Otro, de las cuales resultan distintas posiciones subjetivas. Maldita historia, maldita finitud. La teoría es compleja, pero vamos a tomar acá los elementos esenciales para mostrar cómo de esta relación se derivan diversas formas de la homofobia.

Comencemos por la situación anómala de la falla; cuando el lenguaje no logra penetrar completamente la carne. La persona aprende a hablar, claro, pero hay una pieza faltante que hace al sujeto inestable. El individuo puede pensarse pero hay un corto circuito que permite a la pulsionalidad andar de su cuenta. Lo real del cuerpo se presenta así de manera desnuda y, sobretodo autónoma. Entonces, dependiendo de las circunstancias, la psicosis puede mantenerse desatada o desencadenarse frente a eventos específicos.

Los homosexuales podrían ser uno de esos eventos, los detonantes – y el vórtice – del delirio. Freud mostró cómo los niños, en un momento cero, son perversos polimorfos, esto es, su pulsionalidad se encuentra desperdigada en todas direcciones y es con el desarrollo, con la interacción con los adultos, que aparecen los objetos específicos. En términos de lo sexual, el niño aprenderá que le gusta el mismo sexo, o el otro, o ambos. Pero si lo simbólico no se desarrolla, si la implantación del lenguaje falla, esa pulsionalidad retorna como algo externo y aterrorizante. El goce se materializa bajo la forma de los delirios y las alucinaciones. Es lo real hecho evento concreto, hecho realidad apocalíptica.

En esta situación, el individuo se encuentra sujeto a los avatares de la pulsión, la cual aparece proyectada en lo externo. No es que tenga un demonio adentro, es que el demonio se me aparece y me dice que debo matar o matarme. No es que no sepa que hacer con mi pulsión sexual, es que los homosexuales son una plaga que debe ser exterminada.

Acá tenemos entonces, la forma más básica y primitiva de la homofobia: el terror a la propia pulsionalidad proyectado sobre los otros. A las personas estructuradas de este modo, presas de esta posición, las podemos reconocer porque evidencian lo que se llama la certeza psicótica: “saben” de manera plena y absoluta lo que es bueno y lo que es malo, y pueden dar explicaciones articuladas para fundamentarlo pero, atención, esa fundamentación es absurda y mezcla elementos de la realidad que no poseen relación alguna (confunden la gimnasia con la magnesia, podría decirse). Como todo delirio, sus teorías y explicaciones no resisten la prueba de la realidad, por un lado, y por el otro, son impermeables a ella. Además, como su relación con el lenguaje los hace vulnerables a alucinar, los homofóbicos de este grupo pueden llegar a percibir a través de los sentidos cosas que sólo ellos pueden notar. Así, los homofobicos con estructura psicótica están más allá del diálogo, no hay conversación que valga para expandir sus horizontes; viven en un mundo aparte, compuesto de delirios y/o alucinaciones, las formas extremas de la distorsión de la realidad.

El prototipo de esta estructura lo encontramos en los extremistas de cualquier religión, pero sobretodo en algunos pastores evangélicos:

Un pastor evangélico en North Carolina tiene tanto odio y temor hacia los homosexuales que quiere encerrar a todas las personas gays dentro en un gigantesco cerco para frenar su reproducción, que se mueran y evitar así que tengan contacto con el resto del mundo.

De igual modo, pareciera que Benedicto XVI se encuentra en esta posición, al decir estupideces como “el matrimonio gay amenaza a la creación”, una frase que sólo cobra sentido cuando se asume la mitología cristiana y que, por cierto, carece de evidencia, a decir del hecho cierto de que las sociedades que promueven la diversidad son, precisamente, las más pacíficas y estables. Piénsese en Canadá y los países nórdicos, por ejemplo.

En resumen, los homofóbicos en este grupo hacen cuerpo la “voluntad de exterminio”. Como Hitler con los judíos, la homofobia psicótica busca aniquilar a un objeto que se percibe como amenazante y destructivo. Sólo imaginen lo que Benedicto XVI propondría si estuviésemos en la Edad Media.

Por eso se necesita un marco legal claro respecto protección a la diversidad y castigo a los crímenes de odio. Los psicóticos están fuera de la Ley, y por eso debemos crear sociedades con un fuerte marco simbólico que, si bien no puede contenerlos como individuos, puede prevenir y sancionar sus actos. Como recomendación práctica, frente a un psicótico lo que queda es protegerse y crear un entorno que los mantenga a raya. Son ellos los que necesitan un cerco que les impida dar rienda suelta a su locura.

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