SOLUCIONES “A LA VENEZOLANA”

Creo que es triste sentir lástima por otras personas, pues es una manera de subestimarlas. Sin embargo, viendo el panorama completo de la situación en Venezuela, admito que me queda difícil mantenerme lejos de la condescendencia hacia los que llevan las riendas de la nación. Reconozco que es todo un reto conocer los planes y las decisiones de lxs supuestxs “líderes” y no excusarlxs pensando “pobrecitxs, es que la cabeza no les da para más”.
Y no hay que irse a las zonas delicadas, como la de los derechos (para mí obvios) de los sexodiversos. Esa estrechez de mente se aplica, como patrón, a todos los ámbitos de la esfera política. Tomemos, por ejemplo, el asunto de la violencia.
Está muy bien tener la voluntad política de hacerle frente a la violencia desatada en Venezuela. Lo que resulta insólito es que pretendan hacerlo con una ley para prohibir la circulación de juguetes bélicos y videojuegos violentos. Claro, este razonamiento no debería asombrarnos, pues es más de esa característica tan arraigada en la cultura venezolana, a saber, la incapacidad para vernos a nosotros mismos.
El problema no es que las personas estén irritadas porque hay un proceso de disolución de la estructura simbólica del país; las instituciones tradicionales se desmantelaron y la supuesta refundación de la República fue un fracaso (vean las famosas Misiones, “nueva infraestructura” para resolver todos los males del pueblo).
El problema no es la asimetría económica que implica que, sí, la economía crece, pero lxs venezolanxs son cada vez más y más pobres.
Tampoco la rudeza de la vida diaria en Venezuela; racionamiento de agua, luz, desabastecimiento…, mientras el gobierno insiste en su petropolítica exterior, ahora construyendo casas en República Dominicana cuando ni siquiera es capaz de mantener dotados a los hospitales en su propia tierra. El mismo Chávez, que cosa tan insólita, ha declarado “crisis sanitaria” y “crisis energética”.
En fin, la violencia no tiene nada que ver con la manera en la que se cultiva la violencia. No tiene nada que ver con la lengua incendiaria del presidente, quien se deleita en echarle candela al fuego de la división interna y, a la vez, en aceptar implícitamente los abusos de parte de lxs resentidxs. ¡Todo es culpa de los videojuegos y los juguetes bélicos!
Me pregunto cuántas personas poseen consolas de este tipo en Venezuela, también me pregunto cómo se hace para obviar todos los hechos contundentes de por qué hay tanta violencia en Venezuela y cómo se llega a una conclusión tan ridícula respecto a cómo manejarla. Además, el argumento de que esos juguetes se usan para asaltos pierde mucho peso cuando vemos las cifras de las armas -muchas de ellas ilegales- que circulan en Venezuela y cuando tomamos en cuenta la participación de policías en atracos y secuestros.
Más aún, en un país donde la frustración y la impotencia son lo único que circula democráticamente (no crean que los chavistas se salvan del desmantelamiento simbólico al que me refería al principio), eliminar las pocas vías que se tienen para canalizar estas emociones puede ser contraproducente. Porque si ponemos todo en perspectiva, la cosa es bien sencilla: la violencia puede entenderse como un “acting out“, como una descarga de las frustraciones a las que están sometidos todxs los que viven en Venezuela.
- Me levanto, dormí mal porque estoy angustiado porque la empresa en la que trabajo está en vías de quebrar (Gracias CADIVI por los favores recibidos), hace calor y no hay agua (¡no, idiota, no me gustan las totumas!), etc, etc, etc…
- Pana lo único que tengo e’ e’te yerro. No hay chamba y a mi mamá la botaron de la casa donde limpiaba, etc, etc, etc…
Todxs tienen motivos suficientes para estar irritadxs. Así que es sólo cuestión de salir a la calle, y “ay del que se me resbale”. El tipo de recomendación que yo suelo dar, como profesional de la salud mental, cuando hay tanta frustración e impotencia es: busca una manera (inocua) de drenar esa rabia. Hacer ejercicios, especialmente aquellos como la lucha o las artes marciales, son muy buenos para esto; los videojuegos, para sorpresa de mis paisanxs puritanxs, son una forma vicaria de drenar, una manera de sacar afuera cuando no se puede descargar de manera directa y los juguetes bélicos, cuando se usan para jugar, son una vía de elaborar la violencia ya presente en la vida de lxs niñxs. En resumen, los videojuegos (y los juguetes bélicos usados para jugar) no producen violencia, canalizan la que ya existe. (Me pregunto cómo se le puede explicar esto a las lumbreras que idearon la patética ley que se aprobó hace poco).
Sería interesante tener datos que permitiesen determinar cuánto sube la violencia por prohibir los juguetes bélicos y los videojuegos violentos. Porque eso sí es algo que podemos esperar. Pero bueno, en un país donde la ciencia es la cosa más esotérica del mundo, hacer este tipo de estudio es demasiado pedir. Resulta mas apropiado, culturalmente hablando, rezarle a la virgen del Carmen, para que el sentido común de nuestros dirigentes (y de todos aquellos que los siguen) no nos lleve tan rápido al desfiladero.
Una nota final, a propósito del Aló Presidente de hoy. A estas alturas parece que el problema es, más bien, con la violencia “de mentira”. ¡Que no circulen videojuegos violentos, que toda esa rabia se drene en la frontera con una rifle de verdad! Ese parece ser el mensaje a lxs venezolanxs cuando se ponen en perspectiva la ley y el discurso del máximo líder.
Patria, Socialismo o Muerte. ¡Mataremos!
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Las personas que quieran una transcripción del discurso homofóbico de aquel profesor de la USM, ahora famoso por el video que lo hizo infame públicamente, pueden encontrarlo acá.
Allí podrán constatar que:
1. El “Dr” Lava no posee la información básica respecto a la sexualidad humana. No sabe distinguir entre sexo, género, orientación e identidad sexual. Confunde todo esto y termina creyendo que la cosa se reduce a la dupla hombre/mujer que, según él, está dada por la naturaleza (¿divina?).
Entre las creencias falsas que maneja se encuentran:
- el género se define por los genitales,
- que la orientación sexual se define por las hormonas y
- que las zonas erógenas del cuerpo se definen de antemano.
Todo esto, basado en simplificaciones burdas, es falso. Además, cómo se ve que el profesor no ha leído ningún texto sobre sexualidad, no tiene ni idea que la homosexualidad se dejó de considerar enfermedad mental en 1973, una decisión adoptada luego por la Organización Mundial de la Salud a principios de los ochenta. A estas alturas, la única pretensión de patologizar la homosexualidad viene de los extremistas de la Iglesia, pues no hay argumentos ni pruebas científicas para hacerlo. A los homofóbicos, el único argumento que les queda es el Dios vengativo del Antiguo Testamento.
En relación a lo anterior, lo que no sabe de sexualidad humana lo inventa. Cita cifras sobre hermafroditismo que sólo él conoce y que, de paso, no tienen nada que ver con la homosexualidad como realidad. Claro, como su punto es que el sexo una sóla cosa y, de paso, meramente biológica, cree hacer un punto al traer esa información. Sin siquiera darse cuenta, hace retórica en el peor sentido de la palabra; simple manipulación de los estudiantes.
2. El “Dr” Lava evidencia además que su idea de la historia se encuentra, a decir lo menos, bastante distorsionada. Se creyó el cuento de bachillerato de que a la cultura griega le siguió el Imperio Romano como dos categorías mutuamente excluyentes y opuestas. No tiene ni idea que los procesos sociales de disolución del mundo clásico, con la transición helenística y la institucionalización del Cristianismo, cuyo inicio simbólico es el s. V d.C., son complejos y hablan de la dinámica social de una zona muy extensa que va desde lo que hoy llamamos Mediterráneo hasta el Medio Oriente.
3. Sin meterme en lo que no conozco, que son las teorías del Derecho, sí puedo decir que el sentido ético de este profesor también es bastante particular. Resulta muy extraño que alguien que sabe que las leyes son hechas por humanos, y que por tanto se situan en tiempos y espacios precisos, pretenda que existe algo así como lo bueno absoluto y lo malo absoluto. Peor aún, que crea que la naturaleza se divide de ese modo. Critica a sus alumnos, pero nadie más desfasado que él quien, como los antiguos griegos, coloca verdad, bondad y belleza en el mismo sitio. Por supuesto, desde hace siglos que ya no creemos esto.
4. Finalmente, es mucho más fácil leer su clase transcrita que calársela en persona. Los gritos, la actitud desafiante, la verticalidad con la que maneja su clase (el “Dr” gusta de llamar a sus estudiantes mediante el título “bachiller”, por ejemplo) son los mejores indicadores de que no tiene ni idea de cómo se da una clase ni de cómo se maneja un grupo.
Basado en este análisis las recomendaciones son muy sencillas.
Estimado “Dr” Lava,
- Aprenda sobre sexualidad humana y psicología. No tiene que hacerse experto, sólo saber lo básico.
- Aprenda historia, pero al menos use un manual para universitarios. La historia es muy útil para contextualizar el conocimiento, para saber lo que se encuentra demodé, para saber de dónde venimos y, por supuesto, para no descubrir el agua tibia.
- Luego que haya adquirido la información básica sobre estos puntos, combínela con empatía, compasión y mucha, mucha experiencia cotidiana. Reflexione sobre todo esto y, quizás, descubrirá lo compleja que es la vida.
- Tome unas clases de pedagogía, dinámicas de grupo o, por lo menos, el componente docente de la universidad en la que quiera trabajar.
- Si no quiere hacer esto, está en su derecho, pero entonces olvídese de dar clases y de opinar acerca de lo que no sabe. Como ya debe haberlo notado, la puede pasar muy mal.
Esto sólo se refiere a su calidad como docente. Haría falta el análisis correspondiente a la posible incitación al odio. Ya sus colegas decidirán, o no, acerca de este punto, más grave por cierto.
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A Hugo: ¡Gracias! Tocaste un botón y se drenó un absceso. La igualdad es un ideal ético-regulatorio y un presupuesto teórico para el ejercicio de la democracia pero, al menos en Venezuela, es solo un mito para encubrir la opresión y la discriminación.
HUMANOS, DEMASIADO HUMANOS
Como estudiante universitario de pre y postgrado, recibí de casi todos los profesores dedicación y profesionalismo; quizás uno o dos demasiado mayores y desactualizados (chochos, podríamos decir) y tal vez no más de dos “piratas” que, por supuesto, ya no estaban dando clases después de su primer contrato (¿será este el caso del “Dr.” Lava). En este sentido, es cierto, no se puede generalizar lo malo; el balance es que la universidad en Venezuela sigue formando buenos profesionales.
Sin embargo, al menos dos episodios me pusieron al tanto de cierto problema en la formación humana de algunos profesores. El primero, una profesora que, con todo el convencimiento del mundo nos decía en clase, y como parte de su enseñanza, “es que un homosexual no puede ser profesor de educación preescolar o básica”. El segundo fue mucho peor; pues se basa en el abuso y la falta de respeto hacia los estudiantes: una supuesta eminencia de la salud mental en Venezuela espetó en clase, mientras colocaba el dedo índice de su mano izquierda simulando su pene, “es que si yo me pongo detrás de un hombre, él da un paso hacia adelante” y señalándome a mí prosiguió “bueno, no en el caso de él, que más bien daría un paso hacia atrás”.
Considerando que en aquel momento yo no estaba fuera del closet, se evidencia acá una de las características de la homofobia en Venezuela; no se limita a castigar a los que osen disentir abiertamente de la tiranía heterosexual, sino que busca, activamente, desenmascarar y corregir antes de que la salida del closet ocurra. Entonces, por un lado, la universidad transmite información técnica útil y enseña destrezas profesionales valiosas. Por el otro, y en tanto subtexto de la cultura venezolana, genera y reproduce el ya tradicional rechazo a la sexodiversidad.
El tiempo pasó y me llamaron para dar clases e investigar, justo allí, en el mismo sitio donde estos eventos habían ocurrido. Paradójicamente, fui recomendado por la misma persona que, tras mi salida del closet, trabajaría activamente para que yo renunciara. Debo admitir que al principio había “mucha fe puesta en mí”. El asunto es que el tiempo pasa, y no casarse es un alerta que espeluca a quienes se preocupan por la moral y las buenas costumbres. Peor aún, tuve el tupé de ponerme desafiante: empecé a hablar de sexualidad.
Parte del título del post anterior -homofobicos de antaño versus nuevas generaciones progresistas- da cuenta de mi conclusión respecto a lo que está pasando en Venezuela con los derechos de la sexodiversidad. Yo dí en el clavo: los estudiantes comenzaron a interesarse en el estudio de la conducta sexual y, específicamente, en la homosexualidad; diferentes grupos universitarios me buscaban para que los entrenara en prevención del VIH y del SIDA; algunos colegas progre me sugerían temas y me apoyaban a seguir publicando.
Esta es mi imagen de la corrección política de las universidades:
- Profesores de metodología que daban cualquier cantidad de razones absurdas para que se siguiera manteniendo el sesgo heterosexista en las investigaciones. Algunos de ellos dejando en claro que no tenía nada que ver con homofobia pero que, desde que llevo este blog, no quieren saber nada de mí.
- La “sugerencia” para que una electiva dejara de llamarse Intervenciones Psicológicas en el área del VIH y tuviese un nombre menos sucio: Psicología de la Salud. Con esto, una materia importante, útil y necesaria que los estudiantes buscaban dejó de impartirse. Por cierto, la escozor frente a la palabra VIH era impresionante, al punto de sentarme y decirme “no hables más de VIH en la universidad”. Otros sí podían pero yo, no.
- La desaparición de la vida académica o, por lo menos, la confinación a la mediocridad de profesores de los que se colaba -por un email mal enviado, por una foto incriminadora- algún indicio de su vida sexual no heterosexual.
- El terror o, en su defecto, la falta de conciencia comunitaria de profesores de cualquier facultad que, para mantener su estatus y seguir avanzando en su carrera, deben suprimir un aspecto importante de su personalidad o invertir mucha energía para que su doble vida se mantenga así.
- La evaluación de CV en Consejos de Escuela que incluye comentarios como “pero a esta profesora no podemos contratarla: es lesbiana”.
- Y la guinda de la torta, la confirmación de que lo más amenazante para la “gente decente” es que un gay no se dedique al estilismo: una bizarra “conversación amistosa” sobre… la verdad nunca me dijeron exactamente sobre qué. Un profesor respetable, suerte de mentor en uno de los proyectos que llevaba se sentó conmigo -me sentó frente a él, escritorio mediante, más bien- y empezó a dar vueltas alrededor de “algunos estudiantes han venido a quejarse conmigo de ti”. Nunca logré que nombrara el elefante blanco de mi vida privada; sólo que cortara toda posibilidad de diálogo diciendo: “sería muy triste que tuvieramos que cambiar el pensum de la escuela para prescindir de ti”. (Los que conocen la política sucia de la institución saben que el cambio de pensum es una oportunidad de cambiar el nombre de una materia y, con esto, deshacerse de los profesores a los que no puede botarse por las vías directas). Esos estudiantes imprecisos que se quejaban nebulosamente de algo, resultó ser la petición de la ya famosa profesora que me tenía en la mira desde hacia tiempo, la cual le pidio como favor personal al respetable profesor que me llamara a botón.
Ahora bien, ¿cuál era el problema conmigo? Aún me lo pregunto. Lo único que da sentido a la historia son 4 puntos:
- Yo acababa de publicar un libro.
- Me acababan de dar un Premio Nacional de Investigación.
- Los estudiantes mostraban obvio respeto y admiración por mi labor.
- ¡Ups! Era un gay el que estaba haciendo todo esto.
Bien visto, detrás de esta novela barata sólo había una persona con poder que, cada vez que podía, mandaba a alguien con alguna sencilla misión; de manera aislada era sólo un comentario, una observación, una amenaza; en conjunto, la estrategia para sacarme de la universidad. Lo logró, por cierto. Le entregué mi carta de renuncia y, casi sin mirarme, solo dijo OK. Fin de mi carrera académica en ese lugar.
Esa es mi percepción de la corrección política que reina en la universidad y en la clase media venezolana. No me extraña, pues no es nada nuevo; es el mismo doble discurso, la doble moral, el doble estándar de una cultura que valora las apariencias, por encima de todo.
De tener el grado de conciencia que tengo ahora, quizás hubiese actuado de otro modo. Con la profesora que pensaba que los homosexuales no podían hacerse cargo de los niños tuve la oportunidad de tener una conversación, muy sanadora para ambos, creo; me pidió disculpas y me explicó cómo había aprendido a ser homofóbica, en la misma universidad por cierto. “Eran otros tiempos”, reconoció. Sin embargo, con aquella respetable dama de mirada severa, artífice de la persecución que reseño, estoy seguro que conversar no hubiese funcionado. Me la imagino negando todo lo que digo y que, confrontada con todos sus emisarios y las acciones concretas, es decir, con toda la evidencia en la cara, diciendo algo como “bueno, yo no maté al niño, sólo le impedí que comiera”. Y, aunque no estoy seguro de si esto es un residuo de pensamiento de oprimido o existencialismo puro y duro: sí, yo renuncié; renuncié porque ya no me calaba un entorno tan tóxico y sin futuro para mí. Desde mi posición en aquel entonces, no había otra cosa que pudiese hacer (¿grabar las conversaciones, quizas?).
EL CASO DEL “DR.” LAVA: UN ACONTECIMIENTO
La situación en Venezuela es la de un profundo choque generacional, un clash como dicen los gringos. Hace falta mucho diálogo para reestablecer continuidades y el problema es que las generaciones previas no están dispuestas a este diálogo; se sienten en la verdad y en el derecho de anular al otro. En este sentido, si coloco mi caso como ejemplo es porque muestra muy bien como un solo dinosaurio con poder puede cerrarle el paso a muchos mamíferos.
Por eso me parecen interesantes las formas de resistencia que surgen gracias a las nuevas tecnologías. Es obvio que los alumnos en el infame video, aunque lo intentan, no tienen los recursos para hacer frente al abuso de poder. Por esto dudo mucho que los canales regulares, al menos en casos relacionados con homofobia funcionen. Fue precisamente una profesora de una Escuela de Derecho la que me contó como a ella también la sentaron para amonestarla por “pervertir a las juventudes” con eso de los derechos humanos de los sexodiversos. Ella, por cierto, es heterosexual.
Asi las cosas, es cierto, lo ideal en el caso del “Dr.” Lava hubiese sido hablar con él (aunque claro, podemos imaginar su reacción a partir del video), mandarle entonces una carta, esperar su respuesta, etcétera. El asunto es que “y si, y si… si mi tia tuviera manubrios sería bicicleta”. Lo filmaron, se generó un movimiento comunitario interesante y, si es cierto que lo destituyeron, el colectivo LGBT en Venezuela ha logrado su primera victoria política. Ningún otro intento previo tuvo un desenlace positivo para el colectivo; Oswaldo Reyes se postuló a la constituyente, Romelia Matute propuso dos líneas -solo 2 líneas- para el artículo 8 de la Ley de Equidad de Género y una indignación desproporcionada, y las acciones consecuentes, han hecho que Venezuela sea, hoy por hoy, el último país de la región en materia de derechos de los sexodiversos. Se confirma lo que para mí es una regla: las libertades no se dan, se toman.
Entonces, no es de extrañar que, visto en retrospectiva, esa filmación de dudosa reputación ética tenga un valor muy alto y positivo, el menos en términos del desarrollo comunitario de un colectivo sistemática y explicitamente oprimido (ojo, me refiero sólo a esa filmación, pues no estoy diciendo que sea bueno empezar a grabar a todos los profesores con la intención de joderlos). Estoy casi tentado a decir que este hecho ha sido un punto de quiebre en la historia LGBT en Venezuela, pero se que sería un engaño; es, mas bien, la gota que ha rebasado el vaso en un año de lucha y denuncia de los atropellos donde, hasta ahora, no había ningún cambio en el trato hacia los sexodiversos.
Siendo honesto, me preocupan las consecuencias del video para la vida de Pedro Lava. Es muy fácil pasar de víctima a victimario (vean a los chavistas radicales) , convirtiendo esos minutos de loca pasión en el estigma que podría acabar con su vida, así como el rechazo de la homosexualidad sigue acabando con muchas otras. Sin embargo, no hay acción social que sea “pura”; todas tienen elementos positivos y negativos. Al menos desde mi perpectiva, bastante interesada debo decir, esa filmación a escondidas ha sido muy buena (lo que no significa que otras lo lleguen a ser).
Despues de todo lo sucedido, creo que el camino por la reivindicación de derechos LGBT aun sigue en sus comienzos. Los raros andamos con una satisfacción difícil de explicar, la cual tiene que ver con una señal de que podemos generar cambios; esperanza, que le llaman. Lo que comenzó como la osadia cobarde de un estudiante, es ahora la sensación de empoderamiento de miles -literalmente miles- que ahora tienen un poco mas de fuerza para expresarse. Lo digo yo, que nunca pensé que escribiría aquel capítulo nefasto de mi historia.
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(Pidiendo disculpas de antemano a lxs verdaderxs Doctorxs en Derecho,
al igual que a todxs aquellxs abogadxs que son, ante todo, personas).
QUE NO NOS ABRUMEN CON UN TÍTULO QUE NO POSEEN
El título de “Doctor” consiste en un rango académico que se otorga a todxs aquellxs que, culminado el pregrado, se embarcan en una larga travesía para desarrollar una disertación o tesis que aporta nuevos conocimientos teóricos a su disciplina. Obtener este título requiere, al menos en Venezuela, 2 años de estudios posteriores a una licenciatura, tanto como mantenerse activx como investigador -produciendo artículos especializados, entre otras exigencias. Por cosas de la historia de la universidad en Venezuela, los abogados y los médicos siguen llamándose doctores, cuando la realidad es que esa palabra no aparece en ninguna de sus credenciales oficiales. La mayoría de estos profesionales, de hecho, no son doctores.
La necesidad de ser llamado doctor es particularmente intensa para algunxs profesionales del derecho. Frente a esto, por cierto, yo tengo una regla personal: mientras mas insista el personaje en ser llamado de este modo, menos merece ese título que demanda para sí.
QUE TU PALABRA VAYA ADELANTE Y TU BOCA SEA LA MEDIDA
Hablando de abogados, Yo siempre había escuchado que el conocimiento psicológico de algunos de ellos se limitaba a dar por sentado que los criminales nacen y que se pueden identificar mediante las técnicas obsoletas de Cesare Lombroso (1835-1909), un oscuro personaje que veía en los defectos físicos y las marcas (como los tatuajes) la evidencia de la “criminalidad”. Lombroso se imaginaba que a los delincuentes los delataba la siguiente tipología:
- Mandíbulas grandes, proyectadas hacia adelante
- Pómulos salientes
- Mentón grande y prominente
- Nariz aguileña, respingada o aplanada
- Labios carnosos
- Ojos “marcadamente huidizos”, barba escasa o calvicie
- Insensibilidad al dolor, brazos largos
Siempre me había preguntado como era posible sostener teorías y planteamientos tan desfasados en la actualidad. Solo tengan presente el hecho de que Lombroso murió a principios del siglo XX, cuando la psicología científica apenas daba sus primeros pasos (Por cierto, a Lombroso no se le incluye en los manuales de Historia de la Psicología). Mas aún, sepan que Lombroso estaba convencido, por ejemplo, de que “los criminales llevan cierto tipo de tatuajes”, lo cual implica que privaría a muchos de su libertad, con la excusa de proteger a la sociedad de crímenes aun no realizados. El era algo así como el defensor del “Minority Report” del siglo XIX.

Entonces, ¿cómo se sostienen planteamientos caducos y desfasados en la actualidad, especialmente en la rama del derecho? Creo que el tal Pedro Alejandro Lava Socorro, supuesto profesor de derecho romano en la Universidad Santa María puede decirnos mucho al respecto. Solo hace falta ver el video que documenta su infame disertación sobre psicología de la homosexualidad y derecho de los homosexuales, el cual se reproduce viralmente en las redes sociales, creando lo que ya se vislumbra como un un nuevo anti-ídolo de la red.
Por ahora, debo confesar, no tengo estómago para verlo de nuevo. Independientemente del tema, la sola puesta en escena de su clase -los gritos, la actitud desafiante de “a ver quien se atreve a decirme lo contrario”-, son razón suficiente para tomarme un descanso, debido a la repulsión que me genera el modelo pedagógico que maneja este señor (¿habrá tomado algún componente docente? Porque vamos a estar claros, una cosa es ser abogado y otra muy distinta ser Profesor de Derecho).
En todo caso, voy a hacer de tripas corazón, pues en el video se evidencian temas críticos para la cultura venezolana. Estos, desde mi punto de vista, son:
- La calidad de algunos docentes universitarios y las fallas estructurales de las universidades en Venezuela. Específicamente, ¿qué tipo de formación universitaria están recibiendo nuestros jóvenes?
- Los límites de la libertad de cátedra o “¿puedo decir estupideces y sin sentidos sólo porque soy profesor?”
- El ejercicio y el abuso del poder dentro del aula. En especial ¿bajo cuáles condiciones se está dando el proceso de aprendizaje? (Parece que seguimos siendo víctimas del modelo colonial, convirtiéndonos en victimarios de todo aquel que, por desgracia, termina en posición de subordinación frente a nosotros).
- La falta de recursos de los estudiantes para hacer frente a la opresión, la humillación y la inoculación de información tóxica, así como el surgimiento de estrategias de resistencia novedosas para hacer frente a estos abusos.
- La impunidad con la cual la homofobia circula en Venezuela.
- El poder de Internet para generar respuestas comunitarias y promover el cambio social.
Creo dejar en claro que no estamos hablando de un pelafustán homofóbico que carece de cualquier noción de vergüenza. Estamos hablando de una crisis grave, que se tiende desestimar con el argumento ramplón de que en Venezuela todo es culpa de Chávez y que nuestra crisis es meramente política.
Les dejo el video, botón que muestra nuestra gran crisis. Espero analizar su contenido en el proximo post.
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Ella debe sentirse muy sola en una España que superó la Edad Media, la dictadura de Franco, que tuvo su destape y que, para colmo, tiene un gobierno socialista que reconoce los derechos humanos y civiles de las minorías sexuales.
Este fin de verano se lamentaba de que los jóvenes tuvieran sexo y, por supuesto, citó cifras y datos de manera descontextualizada para defender sus creencias:
Por cierto, las estadísticas son sólo su herramienta retórica para convencer a un mundo que ha perdido el rumbo; ella sabe que sólo hay un libro de dónde puede sacarse la verdad. Sólo por eso usa ese conocimiento herético, apologético y, por ende, pecaminoso:
Lisa la pasa mal. El mundo se ha sumido en una época oscura y pese a que insistentemente manda correos electrónicos a cuanta publicación virtual y cuanto periódico encuentra, nadie parece escuchar el mensaje. Ni siquiera cuando nos muestra de manera directa el meollo de nuestro problema:
Lisa tiene una lucha, una misión, la de mostrarnos el camino verdadero, el de la salvación. Lo siente como un llamado del Espíritu Santo y, para no irse ella misma al infierno por no continuar su tarea evangelizadora, ha decidido partir a otras latitudes. Ella sabe que es en esas ciudades perdidas que debe hacer su apostolado, pero reconoce que su alma es débil y que antes que renunciar, es mejor buscar lugares menos inhóspitos. Ella tiene fe en el que Señor, en su retorno, será indulgente con ella. Él, que todo lo sabe, está más que consciente que ella es sólo una mujer y que, aunque como Juana de Arco, haya decidido ocupar un rol de hombre en el nombre de Dios, tiene un límite como costilla del otro.
De manera pues que Lisa ha partido como los judios al dejar Egigto, sintiéndose como Job dentro de la ballena. Ella considera que los países islámicos son una buena opción. El pensamiento de los radicales musulmanes le atrae muchísimo. De hecho, su artículo Burkas y top less se encuentra repetido 112 veces gracias a todas las publicaciones que se la aceptaron. Una joya como esa debe publicarse una vez más:
Pero con los musulmanes hay un pequeño pero muy grave problema: se equivocaron de Dios y de profeta. Por eso, ni loca sacrifica su alma renegando de la única religión verdadera.
Tras el desencanto, es lógico que considerara Estados Unidos; allí sí se desafía “inteligentemente”, ese es el verbo que ella utiliza, el darwinismo que comenzó todo este desmadre. En este escenario hay sólo un pequeño problema técnico: Lisa no habla inglés.
Frente a esta encrucijada, ¿a dónde más iba a voltear Lisa? Veámos, ¿dónde se da rienda suelta a las creencias premodernas? ¿Cuál es el único país de Latinoamérica donde se le cierra el paso de manera activa al reconocimiento de los derechos humanos y civiles de los sexodiversos? ¿Cuál es el único pueblo occidental atrapado en la búsqueda de una verdad absoluta como intento de solucionar sus problemas?
Pese al conflicto que reina en ese lugar y a que, de repente, la vean como a los invasores que hace más de cinco siglos trajeron La Palabra, Lisa vislumbra lo que parece ser la Tierra Prometida, ese lugar donde nacerá el hombre nuevo que para ella, por supuesto, es Cristo.
Pido a todos los venezolanos piadosos que le escribamos para darle la bienvenida:
Lisa, has encontrado tu hogar. Te recibiremos como te mereces.
(Pueden ver la incursión de Lisa Justiniano en la prensa venezolana, así como mi respuesta como profesional ACÁ)
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LA AUTORA
Mina Tobler es una suerte de mnémesis de Eva Golinger. Usando una referencia de la cultura pop, Mina es a Eva lo que superman al superman bizarro. No tengo más datos de ella; sólo se que, de cuando en cuando, nos regala sus apreciaciones a través del blog El Club Vathek.
Creo que lo mejor que puedo hacer para agradecer sus reflexiones es reproducir parte de su más reciente escrito “¿Quiénes creen hoy en Chávez?“, por supuesto, a través de mi propia interpretación.
SU PROPUESTA
Mina ha realizado lo que para mí es una taxonomía de quienes se autoidentifican con “el proceso”. Como bien dice, “hay muchos que creen en Chávez. Algunos justificados, todos equivocados”. Les dejo acá sus categorías con dos comentarios. El primero, gracias Mina; el segundo, cualquier parecido con la realidad es triste y lamentable.
1. El comandante
Por supuesto, a la cabeza encontramos a Hugo Chávez. Prodigioso encantador de serpientes, se ha convertido en el ópio de quienes le siguen.
2. El pueblo
“Los pobres y marginados de la democracia, los que quedaron fuera de la prosperidad de la Gran Venezuela y luego sufrieron de manera desproporcionada durante la crisis de los 80 y 90″.
Tienen carencias materiales, así como intelectuales y espirituales. No saben de lo complejo del mundo, y se creen la version cínico-estúpida del comandante. Aquellos que pueden ver más allá de esto, sienten que no tienen otra opción; no tienen lo básico para vivir, pero al menos tienen voz y alguien que dice que los ama y que trabaja para ellos. En realidad para él, si seguimos eso de que “el dedo de Chávez es el dedo del pueblo”.
3. Los ingenuos
Son “socialistas buenos”, “por lo general intelectuales de clase media, utópicos, gente con consciencia social, pero también con avanzados y aburguesados ideales democráticos. Para ellos los valores del clásicos de la izquierda: igualdad, solidaridad, justicia social y progreso, no están reñidos con las conquistas políticas de la democracia liberal: libertad, pluralismo y tolerancia”. Se comen el cuento chavista de la democracia participativa y de verdad creen que en Venezuela se está cocinando algo bueno.
4. Los desesperados
No toleran que ninguno de los socialismos reales haya fracasado en la práctica. Son los “revolucionarios verdaderos” y ven en Chávez al mismo hombre que antaño otros vieron en Stalin y en el Ché. “Se sienten la vanguardia revolucionaria que tiene como misión histórica radicalizar el proceso. Para ellos la construcción de la utopía socialista es un fin que justifica todos los medios. Su modelo del verdadero revolucionario es el Che, a quién no le tembló el pulso a la hora de matar cuando así se lo exigió la Historia (así, con mayúscula). Se sienten frustrados porque la revolución ha llegado al poder de la mano de un líder democráticamente electo y no de una ruptura violenta (como pudo haber sido el caso si el golpe estado que intentó Chávez en 1992 hubiera triunfado). La ruptura violenta les habría dado la oportunidad de, como en Cuba, “fusilar a 800 traidores en el primer año”. No pierden la esperanza de que aún el proceso se radicalice hasta el punto en que sea inevitable la aniquilación física de los enemigos de la revolución. La utopía final justificaría incluso el genocidio o el exilio masivo”.
5. Los “boliburgueses”
“Probablemente el grupo más fácilmente reconocible en las calles de Caracas: carros nuevos, cirugías plásticas con resultados […] estéticamente desastrosos, compras compulsivas en las tiendas de productos importados (cuando no en viajes a Madrid o a Miami). Creen en Chávez como antes otros grupos creyeron en los Adecos o Copeyanos, sólo que Chávez les ha dado aún más libertad para enriquecerse que los gobiernos anteriores”.
Por supuesto, en un escenario que es global, no pueden faltar los arrimados de otros países. Estos son:
6. Los extranjeros solidarios con América Latina
Entre otros, ”parte de la izquierda intelectual Europea, los que creen en revoluciones y utopías, siempre que sean en exóticos escenarios tropicales y no en su piso de Barcelona o París. Los que están dispuestos a creer en simplificaciones blanco y negro de la historia latinoamericana: los pobres contra los ricos, los revolucionarios contra el imperio, los buenos contra los malos. Los que apoyan a cualquier déspota de moda siempre que gobierne en el tercer mundo y que se declare anti-yanki. Los que desde la ilustración siguen creyendo en el mito del buen salvaje o del paraíso comunitario en la selva húmeda. Algunos incluso hacen turismo revolucionario en Venezuela y “viven” el proceso en persona. Hay los más jóvenes que se alojan solidariamente en modestas casas en la barriadas populares de Caracas, ayudando a construir comunidad y a colaborar en programas sociales. Son los mejores de este grupo y a veces incluso en verdad ayudan a esas comunidades. Cuando crecen o se aburren, se vuelven a Barcelona o a Berlín y participan en foros sobre Venezuela o en tertulias comprometidas con el proceso en bares y tascas. Después estudian, se casan y trabajan en un banco, pero siempre conservan con nostalgia y cariño el recuerdo de la aventura juvenil trópico-idealista. Hay también los más académicos y famosos que vienen becados por el gobierno venezolano. Se alojan en el antiguo Caracas Hilton, hoy Alba, y se pasean por los logros de la revolución de la mano de guías calificados (necesitan de esos guías pues muchos, como Oliver Stone, Noam Chomsky o Tariq Ali, no hablan español y sólo pueden hacer sus entrevistas, que luego presentan como “first hand accounts of the revolution”, a través de intérpretes) Luego regresan a sus cátedras en Boston o Londres a dar conferencias como expertos latinoamericanistas y a escribir libros sobre la historia de América Latina en los que ni por equivocación se cita la historiografía latinoamericana, escrita por latinoamericanos (poco pueden si no leen español). Son los peores y más cínicos”.
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Uno de los riesgos de quien se inicia en el arte guerrillero, o la resistencia a través del arte, es quedarse en la superficie. ¿Qué significa esto?
1. Que llevamos a cabo la acción, por ejemplo, haciendo un graffiti, usando esténciles, pegando calcomanías, alterando anuncios publicitarios, entre otras muchas “técnicas”.
2. Que lo hacemos porque queremos expresar algo, estamos cargados de emoción y queremos canalizarla.
3. Fallamos en lo que define al arte guerrillero: el concepto que subyace a la obra.
En este último punto radica la gran diferencia entre el vandalismo y el arte guerrillero.
Para comprender una diferencia que es simbólica y que, por tanto, a veces no es captada por la mayoría, usare la fotografía de este post como ilustración (ver arriba):
- El vandalismo es sólo destrucción mientras que el arte guerrillero propone, por encima de todo, una construcción: detrás de romper los vidrios y regar pintura en el carro de un particular no hay nada creativo. Sin embargo, nótese cómo Banksy, el prototipo de artista guerrillero, toma una cabina telefónica y la transforma; cada cambio tiene un sentido: la manipulación de la forma de la cabina mediante segueta y soldadura, la adición del pico y la manera particular en la que la pintura chorrea, simulando sangrado convierte un objeto cotidiano en una pieza de arte. En este sentido, uno de los empleados de BT, la telefónica a la que pertenece la cabina, dijo:
Por cierto, esta cabina fue retirada de la calle y ahora es exhibida por BT en una de sus sedes.
- En el Vandalismo es imposible reconocer un tema o un autor; quien intervino ese carro no tiene ningún mérito; su acto anónimo es sólo una descarga particular que, de paso, hace daño a otros. Por el contrario, en el arte guerrillero, especialmente para dar el salto hacia el ámbito “profesional” debe existir un tema que se despliega de acuerdo al estilo que, en definitiva, es la marca de quien lo ejecuta. La manera en la que Bansky interviene la ciudad es reconocible y es lo que le ha dado notoriedad. Y, bueno, respecto al tema, que sus otras obras hablen por sí mismas:

Para decirlo en términos psicoanalíticos, el vandalismo es sólo pulsión de muerte, una descarga que se agota en sí misma, un estertor mudo del cuerpo, un paroxismo organísmico. El arte guerrillero, por el contrario, recoge este potencial destructivo y lo pone al servicio de la creación de nuevas realidades, siempre dentro de una propuesta estética, esto es, alguien crea algo que conmueve -genera emociones- y que lleva implícito un discurso.
En definitiva, el arte guerrillero es, por encima de todo, una sublimación, una manera de poner lo individual al servicio de lo social; un ajuste creativo; impotencia y frustración convertida en texto.
De nuevo, una imagen vale más que mil palabras:

¡Banksy, que grande eres!
(Para percibir por completo la crítica al afán conquistador de Estados Unidos y sus efectos en el resto del mundo: la niña del centro es sacada de una famosa foto procedente de la guerra de Vietnam, publicada en Times en Junio de 1972. Puedes ver una copia del original haciendo click aquí.)
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Resultado de la intervención de arte guerrillero sobre vallas ilegales en Toronto, Octubre 3 de 2009
El arte es sublimación. Sublimar implica transformar la pulsión destructiva en creación con valor social. Con esto en mente, se entiende que el valor del arte guerrillero está en una propuesta constructiva, donde los artistas reclaman espacios públicos para el disfrute de todos.
¿Por qué? Entre otras cosas porque las corporaciones se han apropiado de este bien común para incidir sobre nuestra capacidad de decisión. Vean estas vallas:

Por muy bien educados y entrenados en resistencia que estemos, resulta difícil librarnos de la presencia de esos cuerpos como estándar social. Literalmente, nos meten por los ojos una noción de belleza que sirve a los fines de la industria de la moda, la cosmética y, a la larga, la domesticación de los cuerpos. A estas alturas, querer tener esa figura, por siempre, desafiando la edad y las distintas constituciones que existen, es una forma de opresión. Piensen en todo lo que hacemos para intentar tener unos cuerpos que son irreales o, en el mejor de los casos, el resultado de vivir para mantenerlos y para que otros se enriquezcan por nuestra incapacidad para aceptarnos como somos.
Pero el asunto también tiene otra dimensión, otra razón por la cual los culture jammers adoran alterar y subvertir los mensajes de la publicidad. Muchas de las vallas que se usan para crear necesidades falsas son ilegales, ocupan el espacio de todos para el beneficio económico de unos pocos.
Entonces, vayamos a lo concreto. Para Mayo de 2009 se indicaba que eran 305 las vallas ilegales en autopistas y vías principales de Caracas. Muchas, si no todas, siguen ahí, pues ni el Estado ni las alcaldías van a gastar dinero en removerlas. De manera pues que la propuesta es la siguiente:
- Organiza un grupo de personas interesadas en la expresión artística y con ganas de canalizar el impulso vandálico de destruir la propiedad ajena.
- Ubica la o las vallas ilegales que quieras intervenir, prepara tu diseño y consigue los materiales. Tienes un lienzo gigante que no debería estar allí.
- Habla incluso con la alcaldía, vendiendo tu oferta como una manera de demostrarles que con el espacio público no se juega. El clima de caos en Venezuela es propicio para que muevas la situación a tu favor.
- Pon fecha y ataca con tu arte. Te aseguro que te divertirás y estarás haciéndole bien a la comunidad.
Para que cojas dato, mira las fotos de esta actividad en Toronto haciendo click aquí y las de Berlín pinchando acá. Es un movimiento mundial. Puedes investigar mas acá en Illegal Bilboards (Vallas ilegales, en inglés).
¡Defiende tu comunidad, ataca a las vallas ilegales!
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Demagogia e ineficiencia: ¿qué es lo nuevo en esta "revolución"?
Hoy escribo para dar forma a la sensación que surgió al leer las noticias: Venezuela: crisis energética sin precedentes. Por un lado, aparece una alegría que se que es lamentable. Definitivamente es absurdo que uno de los países con mayor potencial energético padezca de falta de electricidad. Pero claro, la cosa no tiene que ver con los recursos naturales, sino con la ineptitud de un gobierno que no sabe administrar, menos desarrollar este potencial. Vienen a mi mente las palabras grandilocuentes del máximo líder y, específicamente, uno de sus tantos mamotretos, la “revolución energética“.
Mi alegría no es por lo terrible de la situación, sino porque este hecho es una confirmación de que quienes estamos en contra del gobierno tenemos sobradas razones para renegar de Hugo Chavez. Como dice el lugar común, no se puede engañar a todos todo el tiempo. La ineficacia no puede encubrirse con megalomanía o delirios mesiánicos. Pero bueno, quizás el drama, mas que tener este gobierno, es el de ese pueblo que cree que va a salir adelante poniéndose en las manos de este personaje que es un poquito pelotero, “artista” y actor de cine frustrado, consumado animador de televisión, lector inepto… cualquier cosa menos el gerente que una Nación conformada por una sociedad compleja con problemas muy puntuales.
Y claro, frente a este cuadro la cosa pica y se extiende de manera obvia; el mismo que inventó la Misión Barrio Adentro, es el mismo que declara la crisis sanitaria del país (¿a quien habrá que hacer responsable de esto? Es insólito el caradurismo de admitir estas crisis obviando que son los verdaderos resultados de su gestión). Crisis sanitaria, crisis energética, crisis de seguridad, crisis, crisis, crisis. La sempiterna palabra con la que hemos crecido las últimas generaciones, palabra que iba a desaparecer de acuerdo a la fantasía chavista.
Una década después, luego de miles de millones de dólares desperdiciados en “cambiar al mundo” y con una diáspora en pleno desarrollo, estamos peor que en el inicio de la crisis que abrió las puertas a la locura bolivariana. Lo mas grave de todo, es que ahora propone una solución adeca: crear un nuevo ministerio. ¿Es que acaso hay alguna novedad en este proceso, fuera de haber destruido la poca infraestructura formal que el país tenía?
Por un lado el gobierno y por el otro los chavistas que se resisten a ver que estamos, simplemente, peor. Sin embargo, la tercera pata de este entuerto es la oposición, que no atina a ver que su imagen de Venezuela deja fuera a la mitad de la población y que la unidad, si va a salir de algun lado, será de ponerse en contacto con ese pueblo que Chavez ha sabido idiotizar aún más.
Lo mas triste es que las cosas se van a poner peor. Como nación, nos hundiremos hasta el punto en el que aprendamos la lección. Ciertamente Chavez tiene una misión histórica que no es, por cierto, la que el piensa; mas que un salvador, él es ese Caronte que nos dirige en la que es nuestra noche oscura del alma.
Para finalizar, el estilazo del presidente para resolver la crisis:
Venezuela: crisis energética sin precedentes
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